UE–Mercosur: un nuevo acuerdo comercial que transformará el comercio
internacional.
Tras más de 25 años de negociaciones, la Unión Europea y los países fundadores de
Mercosur —Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay— han dado un paso decisivo con la firma
del Acuerdo de Asociación UE–Mercosur y la puesta en marcha de su Acuerdo Comercial
Interino. El acuerdo comenzará a aplicarse de manera provisional a partir del 1 de mayo de 2026, marcando un cambio estructural en las relaciones comerciales entre ambos bloques.
El acuerdo crea una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, cubriendo un
mercado de más de 700 millones de consumidores. Su objetivo principal es reducir barreras
comerciales, mejorar la previsibilidad de las relaciones comerciales y reforzar las cadenas
de suministro entre Europa y América del Sur, en un contexto global marcado por tensiones
geopolíticas y tendencias proteccionistas.
Uno de los pilares del acuerdo es la reducción progresiva de aranceles. Más del 90 % del
comercio bilateral verá sus derechos de aduana reducidos o eliminados de forma gradual.
Para las exportaciones europeas a Mercosur, donde actualmente existen aranceles elevados,
el acuerdo permitirá importantes ahorros en costes: hasta un 35 % en automóviles y
componentes, entre un 14 % y un 20 % en maquinaria industrial, hasta un 18 % en
productos químicos y hasta un 14 % en productos farmacéuticos. La Comisión Europea
estima que estas reducciones supondrán un ahorro anual de más de 4.000 millones de
euros para las empresas de la UE.
La eliminación arancelaria no será inmediata para todos los productos. El calendario de
implementación prevé distintos periodos de transición, que oscilan entre cinco y quince
años para la mayoría de los bienes industriales, con plazos más largos para sectores
considerados especialmente sensibles. En paralelo, la Unión Europea aplicará contingentes
arancelarios para determinadas importaciones agrícolas procedentes de Mercosur —como
carne de vacuno, aves de corral, azúcar o etanol— con el fin de proteger a los productores
europeos.
Los sectores más beneficiados del lado europeo serán la automoción, la maquinaria, la
industria química y farmacéutica, así como las bebidas y productos agroalimentarios de alto
valor añadido como vinos, licores, aceite de oliva y chocolate. El acuerdo también abre
nuevas oportunidades en servicios, contratación pública y acceso a materias primas críticas
estratégicas para la transición verde y digital.
Más allá de los aranceles, el acuerdo introduce mejoras significativas en materia de
procedimientos aduaneros y normas de origen. Las empresas podrán acogerse a un sistema
de autocertificación del origen mediante declaraciones en factura, lo que simplificará el uso
de preferencias arancelarias. No obstante, el acceso a dichos beneficios exigirá una
adecuada preparación operativa, incluyendo el análisis del origen de los productos, la
correcta clasificación arancelaria y la disponibilidad de documentación justificativa sólida.
Asimismo, el acuerdo refuerza los compromisos en sostenibilidad, protección
medioambiental y derechos laborales, incorporando el Acuerdo de París como elemento
esencial y estableciendo mecanismos de seguimiento y salvaguardia. Estas disposiciones
tendrán un impacto creciente en las cadenas de suministro y en las obligaciones de
diligencia debida de las empresas.
Para las compañías que operan entre la UE y Mercosur, 2026 será un año clave para la
preparación. Identificar productos elegibles, evaluar el impacto financiero de la reducción
arancelaria, adaptar contratos comerciales y reforzar los procesos de cumplimiento
aduanero serán pasos esenciales para maximizar los beneficios del acuerdo desde su
entrada en vigor provisional.
El acuerdo UE–Mercosur no es únicamente una reducción de aranceles, sino un nuevo
marco estratégico que redefinirá el comercio bilateral en las próximas décadas. Las
empresas que se anticipen y adapten sus operaciones estarán en una posición privilegiada
para aprovechar sus oportunidades y gestionar sus riesgos.